Siempre se había reído de aquello. Bah, relaciones a distancia, qué tontería. Pensaba.
Pensaba y no se le ocurría ninguna excusa. Ningún argumento para explicarse a si misma lo que le estaba pasando.
Que sí, que ya lo sabía. Perfectamente. Des del primer momento. Des de la primera sonrisa traviesa que se le escapó al verle al otro lado de aquella fría pantalla de ordenador. Él, a cientos de quilómetros de distancia. Y ella ahí. Sentada. Sonriendo como una boba.
También fue en aquél momento cuando algo se rompió dentro de si. Cuando se dio cuenta de lo vulnerable que era en aquél momento. Y eso no le gustaba.
Le había costado mucho ser fuerte.
También fue en aquél momento cuando algo se rompió dentro de si. Cuando se dio cuenta de lo vulnerable que era en aquél momento. Y eso no le gustaba.
Le había costado mucho ser fuerte.
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