A veces hace falta perseguir a aquél conejo por todo el bosque hasta que tropiezas, te arañas, te empapas y pasas frío. Entonces lo ves ahí subido a aquella roca bañada por un rayo de sol que se cuela entre los árboles y te das cuenta que no era más que una sucia rata.
entonces te enfadas, la ira se apodera de ti y tu cuerpo relaja aquella tensión que aumentaba el dolor de las heridas.
Es entonces cuando te das cuenta de que no ha sido en vano. Que el camino de vuelta a la manada será duro porque has pasado por caminos que no deberías en tu búsqueda de algo que habías sobrestimado.
Pero cuando vuelvas, te darás cuenta de que ese es el lugar que te corresponde.
-Limón